Y pediría que nunca llegue el peor día de nuestras vidas: el 31 de octubre de 1996.
Ya pasaron doce años! Y todavía no puedo entenderlo, no encuentro las razones que tuvo Dios para dejar que en ese segundo Caro esté ahí. Pensé y pensé durante todo estos años pero ninguno de los motivos fueron suficientes para compensarlo…
Solo nos queda aceptarlo, recordarla con amor y disfrutar los buenos momentos porque uno nunca sabe cuánto durarán!
Qué linda época esta…


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